La sala de espera, según nos describe Sara, es redonda, con una cúpula transparente a través de la cual vemos el cielo y las lujosas cápsulas de transporte que continuamente van y vienen alrededor de Palacio.
En los mostradores hay hasta 10 clases de agua mineral, los camareros que van y vienen con sándwiches y pastelitos para las chicas. A Sara le entra dolor de estómago. Piensa en sus padres y en todo lo que trabajan para poder seguir adelante y lo poco que reciben a cambio, pero aún así les hacía mucha ilusión que Sara hiciera el examen para intentar entrar en Sweet Pink. Todo es más distinto en el exterior, en cambio, aquí tanto lujo hace que Sara se sienta como pez fuera del agua decide escribir en su diario mental que puede escribir gracias a su chip.
Sara echa mucho de menos a Olive. Olive era su profesora de matemáticas, pero más que eso, era también la que le regaló ese chip por sus 10 años y es una persona muy importante para Sara, ya no por las clases sino por como es, lo que hace... Piensa que Sara es especial, lo que ve en ella no se puede medir ni nombre. Le ha enseñado muchas cosas a Sara.
De pronto salen doce mujeres altas, rectas y elegantes a decir los resultados de la prueba.
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